Independencia

20 Julio 2023

Daniela Baena DIRECTORA EJECUTIVA (CEO)

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas…” Gabriel García Márquez no sólo quería compartir la historia de Aureliano y su familia en “100 años de soledad”, prefirió demostrar cómo una de muchas familias colombianas que, por generaciones, riquezas, descubrimientos, guerras, soledades, mariposas amarillas y pescaditos de oro, demuestra la realidad triste pero alegre, fría pero caliente, efímera, cíclica, compleja y movida por pasiones políticas de Colombia en su búsqueda de la “independencia”, libertad, orden y justicia. 

He coincidido esta fecha con la culminación de dos libros que me aventuraron incluso a aprender más de la historia de mi país de lo que he aprendido en todo mi proceso educativo, y comparto una emoción y una conversación con ambos libros, pero también me quedan bastantes preguntas ¿Qué es lo que realmente celebramos y percibimos de la independencia? ¿Queríamos la independencia que tenemos hoy? ¿Qué hay detrás de las luchas que hoy proclamamos como actos heroicos? ¿Qué sería de un dirigente sin su pedestal? ¿Cómo se construyen un líder político en mi país?

Cuando tenemos un panorama donde por cerca de 200 años, hemos tenido más de 100 personas autoproclamadas, o proclamadas por pocos o muchos como “presidentes”, que duraron años, otros meses e incluso algunos sólo días y horas, que crecieron gracias a vínculos que ponen en duda los principios y las emociones que motivaron sus luchas, o que sólo han estado ahí por el peso de su apellido, me hace repensar la misión a la hora de transformar liderazgos en mi país. Enfatizo que no estoy hablando sólo de los últimos 30 años, esto está desde el momento justo que ha iniciado nuestra “independencia”, en la que nuestros dirigentes han tomado su papel de libertador, de héroe de la patria y de salvador desde la suerte, su familia, y la oportunidad de un gran negocio.

Debo reconocer que Nicolás Pernett logró llevarme en su libro “presidente sin pedestal” a una comprensión de los liderazgos que nos han representado en esta constante lucha por la independencia.  Me sumo a su gran objetivo, mirar los dirigentes de nuestro país sin pedestales, como personas buenas, malas, con pasados cuestionables, con futuros frenéticos, con amores algo tóxico, con enemigos que sólo son sus espejos, e incluso con problemas de salud mental que nunca trataron (paradójico esto hoy, cuando hemos dejado claro la importancia de salud mental en el ejercicio de liderazgo).

Por un lado, una admiración ciega que nos ha llevado a idealizar los “quienes” por encima de los “que” y los “como”, y por otro,  una inconformidad por el simbolismo del dominador ejercicio público nos lleva a pasarnos la vida entre amores y odios, entre el ganador que recibe la estatua y el perdedor que merece sólo una tumba. Nicolás Pernett, sí nos decía que en un país en la que no se había construido un fuerte sentido de nación, los partidos políticos sirvieron para establecer lealtades y sentidos de pertenencia. También recuerdo a Mauricio García que en su libro “el país de las emociones tristes”, indicaba como incluso el conflicto entre derecha e izquierda termina siendo sólo un conflicto contra los “tibios” o los no radicales, los dudan o los que cuestionan. O incluso Aureliano Buendía decía que la única diferencia entre liberales y conservadores era que los liberales iban a misa de cinco y los conservadores a misa de ocho… Con esto pienso que simplemente terminan siendo más los factores comunes entre los que se proclaman odios políticos que lo que los diferencia. 

Por un lado, una admiración ciega que nos ha llevado a idealizar los “quienes” por encima de los “que” y los “como”, y por otro,  una inconformidad por el simbolismo del dominador ejercicio público nos lleva a pasarnos la vida entre amores y odios, entre el ganador que recibe la estatua y el perdedor que merece sólo una tumba. Nicolás Pernett, sí nos decía que en un país en la que no se había construido un fuerte sentido de nación, los partidos políticos sirvieron para establecer lealtades y sentidos de pertenencia. También recuerdo a Mauricio García que en su libro “el país de las emociones tristes”, indicaba como incluso el conflicto entre derecha e izquierda termina siendo sólo un conflicto contra los “tibios” o los no radicales, los dudan o los que cuestionan. O incluso Aureliano Buendía decía que la única diferencia entre liberales y conservadores era que los liberales iban a misa de cinco y los conservadores a misa de ocho… Con esto pienso que simplemente terminan siendo más los factores comunes entre los que se proclaman odios políticos que lo que los diferencia. 

Padecemos de un ciclo que se repite cada tantos años, algunos llegan a salvarnos de nuestros males, otros pasan en silencio, perdidos o desapercibidos, algunos son recordados por hazañas grandes que opacan la pusilanimidad de sus mandatos y finalmente por otros que se la pasan en una búsqueda constante de su identidad política. Hoy nos enfrentamos a un país, que entre otro es “independiente”, pero es donde nos matamos por el color de nuestra piel, religión, origen, cultura, nacionalidad, clase social y color político; donde tenemos más miedo a los santos y a las divinidades religiosas, que a las personas que toman decisiones sobre el desarrollo de nuestro país (y creo que debería ser al contrario), en donde lxs niñxs siguen creciendo en un sistema que se orgullece de los grandes próceres de nuestra nación, y menos por los liderazgos sociales que en silencio transforman los diferentes territorios, donde los presidentes actuales aún tienen costumbre y rituales de la monarquía, y donde según la clases social y el color de piel aceptamos las barbaries en la historia.

En 100 años de soledad, vemos como la familia Buendía pasa por alguno de los tristes sucesos de la cruel historia de nuestro país, masacres, luchas radicales entre conservadores y liberales, muertes por epidemias, ausencias de hijos desaparecidos, infancias perdida en un matrimonio, asesinatos justificados en el cuidado de la propiedad privada, o simplemente locuras silenciadas; una historia predicha por Melquiades desde el principio de los tiempos, un gitano que caminando por el mundo logró encontrar respuestas que sólo pone en pergaminos que aunque presentes para muchos, incomprensibles para todos ellos y que en últimas, sólo son descifrados por aquellos que siendo los últimos de una generación (el último Aureliano) están a punto de morir… ¿será que eso es lo que algunos en silencio y en soledad viven antes de morir sobre la historia de sus propias familias y de Colombia? 

Sólo quiero terminar mencionando que es necesario que Colombia no sea lidera, construida y dialogada en la soledad de unas pocas familias, porque, de lo contrario seguirán pasando aquellas maldiciones que nos llevarán a destruirnos e incluso a perder nuestra oportunidad en esta tierra, así como lo ha predicho Melquiades para la familia Buendía.

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