16 de febrero de 2026
Aris Daniela Lozano
La OCDE señala que reducir en un 50% la brecha de género en las tasas de actividad laboral se traduciría en un aumento significativo del crecimiento anual del PIB per cápita. Invertir en igualdad de género, en consecuencia, no es solo una cuestión de justicia: es también una estrategia económica poderosa para acelerar el desarrollo y fortalecer el capital humano.
Alrededor de 2.400 millones de mujeres en el mundo no tienen las mismas oportunidades económicas que los hombres, según un informe del Banco Mundial, esta cifra, tan abrumadora como reveladora, expone la magnitud de una desigualdad persistente que, aunque ha registrado avances en el último siglo, sigue siendo lenta, fragmentada y, para muchas, completamente inaccesible.
La desigualdad de género implica algo aún más profundo: talento e innovación bloqueados. Al limitar las oportunidades de más de 2.400 millones de mujeres, las empresas y las economías se privan de una fuente masiva de creatividad, nuevas ideas y perspectivas críticas, la diversidad de género, respaldada por la igualdad económica, es un motor de innovación y competitividad que ninguna economía seria puede permitirse desperdiciar.
Más allá del impacto en la innovación, la desigualdad de género es también una mala estrategia económica. Excluir a millones de mujeres del mercado laboral genera inestabilidad y frena el crecimiento, y detrás de estas cifras se esconde la carga desproporcionada del trabajo doméstico y no remunerado que recae sobre las mujeres. Mientras no existan políticas sólidas de corresponsabilidad, la participación plena de las mujeres en la economía formal seguirá siendo una promesa incumplida.
Avanzar en igualdad, además de impulsar el crecimiento y la innovación, también reduce el riesgo de violencia de género; la autonomía económica es una de las herramientas más eficaces para prevenir la violencia, porque transforma relaciones de dependencia en relaciones de dignidad.
Tenemos la responsabilidad histórica de convertir esa abrumadora estadística en una fuerza de prosperidad. El verdadero liderazgo se mide por el impacto que dejamos en quienes vienen detrás; usemos nuestra voz y nuestra visión para hacer de este momento el punto de inflexión en que, juntos, abrimos las puertas de la oportunidad económica para todas.
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